El ‘buenrrollismo’

Nada es más falso que el naturalismo. Me cuesta conectar con la gente que se empeña en actuar con naturalidad cuando ninguno de sus movimientos, ninguna de sus palabras, responde a un impulso espontáneo. Pero eso, como todo, puede empeorar y cuando eso sucede aparece el ‘buenrrollismo’. Se llamaba Adri, era cantante, y llegó a casa de Josep acompañada de amigos y conocidos comunes. Sonreía con una dulzura sospechosa, parecía pasar de puntillas por la vida pero, a los diez minutos, uno ya la tenía calada: Adri era una ‘buenrrollista’. Dice Marta, que ahora le ha dado por leer libros de antropología social, que los años 70 crearon un estereotipo de persona que, justificando sus acciones en la lucha política, vivia la libertad sexual y hasta el consumo indiscriminado de drogas como una parte imprescindible del compromiso político. “¿Y a qué viene ahora eso?”, le pregunté encerrados en el cuarto de baño. “Que la Adri esa es hija, o nieta, de esa generación. Primera característica de un ‘buenrrollista’. Te apuesto lo que quieras a que tiene un discurso sobre la ley que prohíbe fumar, a que se hace un porro a los postres y a que se toca el pelo todo el rato”, dijo. Salimos del baño y nos incorporamos a la cena. Asistimos, en directo, a una manifestación de ‘buenrrollismo’ en estado puro. Adri, como buena ‘buenrrollista’, empleó toda la noche una actitud tan falsa que si eso mismo lo hace Madonna decimos que es una diva, pero como ella lo hace desde la filosofía antisistema, con los pies descalzos encima del asiento y con pose de enfant terrible vestida de mercadillo, los hay que piensan que es auténtica. Sus pausadas intervenciones (aún no sé si escuchaba o es que no tenía nada que decir) sirvieron para criticar a los funcionarios, para reprochar que en una casa no haya cervezas, para meterse con el bolso de Prada de Marta (que áun está pagando) y para detestar todo lo que aplaude la mayoría, aunque en algunos casos a quien aplaude la mayoría sea precisamente a los que son como ella. Llegaron los postres. “¿No tendrás para hacerte un porro?”, preguntó Adri a Josep. “Encima fuma de gorra”, le dije a Marta al oído. “Ya verás como ahora se vuelve a tocar el pelo”, presagió Marta. “Yo, si hay algo que no soporto, es ser centro de atención”, soltó Adri mientras se tocaba su corte de pelo a lo kale borroka. Marta y yo nos miramos sin saber bien qué decir.

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  1. Ains, muchas gracias, cuántas veces una se ha sentido mala persona por no terminan de comulgar con lo que cuenta un "eusko-flequillo" de esos…

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