Match Point


Que sepas que Marta y Emma se han peleado. Y todo por culpa de las verduras, para que luego digan que la violencia subyace tras los dientes del carnívoro. La discusión comenzó cuando quedamos con Marta para que superase su depresión post declaración de la renta. “Detesto ser solidaria, odio pagar impuestos. El único ‘de la renta’ que tolero es Óscar y con lo que me quita Hacienda bien podría costeármelo”, lloriqueaba Marta. Le propuse que fuésemos a comer algo con mucha grasa y hueso, para poder usar las manos, y elevar el ánimo como en una sobredosis de Viagra. Fue entonces cuando empezó el partido. “Nada de colesterol, que ahora soy vegetariana”, dijo Emma. “¿Vegetariana? Lo que te faltaba bonita. Pues con lo fashion que tú eres deberías saber que lo de preferir un apio a un solomillo está pasadísimo de moda. Muy setenta”, soltó Marta. “Te equivocas. ¿Sabías que Prince fue elegido como el vegetariano más sexy del mundo? ¿Acaso Prince no está de moda?”, contestó Emma. “¿Te refieres a ese cantante ‘antes-conocido-como-Prince’? Ahí está la clave. Esa rareza de quitarse y ponerse nombres no tiene nada que ver con las excentricidades de una estrella del pop. Es porque le falta vitamina B12, que evita fatigas, depresiones e inestabilidad de ánimo. ¿Y sabes dónde está esa vitamina? ¡En la carne!”, argumentó Marta. Y yo en las gradas, como si estuviera viendo una bola de set entre Nadal y Federer. “Nunca me fiaría de alguien que se mete en la boca algo que sangra”, dijo Emma. “Pues ve diciéndole adiós a tu vida sexual, querida”, contraatacó Marta. Bola de partido. “Además, ¿cómo vas a ser vegetariana si eres de derechas? ¿Conoces algún votante del PP que entre un chuletón de Ávila y una ensalada de berros elija los berros?”, añadió. “¡Tú qué sabes a quién voto yo! Eres una prepotente. Siempre te crees en posesión de la verdad. Pareces El País”, señaló Emma. “¿Ves como eres de derechas? Además, los vegetarianos son aburridos”. “¡Eso es un tópico barato!, gritó Emma”. “Seguramente. ¿Puedes decirme dónde está la alegría en el miso, el hongo y las algas? Aunque ahora que te miro…eres más aburrida que una col de Bruselas”. Emma puso cara de asesino en serie y se marchó. “Me encuentro mucho mejor. Ya ni me acordaba de Hacienda”, dijo Marta con cara de haber ganado su primera ‘ensaladera’.

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