Yo, Sociedad Limitada


“Me siento como una cebra invitada a una fiesta de leones”, me comentó mi amiga Encarna la otra tarde. Así definió la sensación que le provocó abrirse un perfil en una famosa red social. Yo le había inducido a ello asegurándole que era la manera más rápida de conocer gente pero ahora, tras ese comentario, ya no sé si opino lo mismo. “Encarna hace algunos años que abandonó la cuarentena”, subrayó Marta, en otra ocasión. “¿Qué quieres decir con eso?”, pregunté. “¿Qué las redes sociales son cosa de adolescentes?” Y Marta, con esa seguridad que se gasta, colocó encima de la mesa un artículo en el que se leía, en una impactante negrita: ‘Yo, Sociedad Limitada”. El texto hablaba de un estudio sobre usuarios de comunidades online que había llegado a la conclusión de que la gente que usa estos servicios de redes sociales tenía un ego difícilmente saciable. “Yo tengo perfil en Facebook y otro en Tuenti. ¿Acaso me ves como un egocéntrico?”, dije, sobreactuando en el papel de ofendido. “Estábamos hablando de Encarna y hemos pasado a hablar de ti. Contéstate tú mismo”, respondió. Odio que me deje sin argumentos. “Y todavía vosotros, que venís de la generación de los lápices Alpino, tenéis un pase. Pero los de 20 y 30 años…esos tienen un ego inabarcable”. Según Marta, los usuarios de las redes sociales tipo Facebook, Tuenti o MySpace, son gente muy segura de sí misma y con alta autoestima. “Gestionan su propio esfuerzo personal como si se tratase de una empresa: autopromocionándose, gestionando las amistades,…”, explicó Marta. Y empecé a sentirme un poco cebra. “Has empujado a Encarna hacia un mundo igual de competitivo que el real”, sentenció. Ya en mi casa, corrí a Internet y busqué el famoso estudio para intentar encontrar un oasis en el que las cebras pudiésemos beber sin miedo a servir de canapé a los leones. El estudio había clasificado a los diferentes usuarios por su forma de estar y relacionarse en la red. Estaba el famoso (que normalmente no tiene detrás a la mismísima Madonna), el líder (conectado las 24 horas), el artista (que autopromociona su obra), la mariposa social (buscan relaciones afectivo-sexuales), el reportero (cuenta su vida en la red), el viajero (intercambiando datos de interés sobre los lugares que visita), el desconfiado (pocos amigos en perfiles poco activos) y el mirón (cotillear la vida de los demás sin interrelacionarse). Llamé corriendo a Encarna. Le dije que no debía tener miedo. Que en las redes sociales no hay cebras. Solo mariposas. Aunque, ahora que lo pienso, eso no es ningún consuelo.

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