Parece que fue ayer

Parece que fue ayer cuando España ganó el Mundial. Parece que fue ayer, y no hace un mes, cuando sentí que el país rompía con los prejuicios de la bandera, oscuro patrimonio de un pasado, y renacían nuevos complejos en colectivos nacionalistas que confundían el tocino con la velocidad. Hoy, paseando por las calles de un barrio madrileño casi desértico, compruebo que las banderas siguen colgadas de los balcones, como lantanas secas que no responden al viento porque, fundamentalmente, no corre ni una pizca de aire. He pasado unos días en Amsterdam y Bruselas y en ambos destinos he encontrado hombres, en bares y museos, vestidos con la camiseta de la selección española. Hombres españoles, no se vayan a creer ustedes que la fiebre es europeísta. Quizá para ellos no ha pasado el tiempo y el 11 de julio fue ayer. Dice una amiga mía que España padece el síndrome del nuevo rico, que como no está acostumbrado al lujo y la victoria, lo vive con una ostentación casi ridícula. No sé si acierta ese diagnóstico pero me he aburrido de escuchar a jóvenes ‘erasmus’ cantar eso de “yo soy español, español, español”, curiosamente el mismo día que todos los medios de comunicación en Bruselas informaban de la prohibición de las corridas de toros en Cataluña. Admito que no profeso ninguna querencia por la supuesta fiesta nacional, que detesto el maltrato en todas sus posibilidades y que el mundo del toro no me resulta especialmente simpático. Sin embargo, una vez más la actitud ejemplarizante de Cataluña se ha quedado en un quiero y no puedo. Si en la era de la versión original ellos optan por doblar, en la ruptura con el maltrato animal ellos deciden mantener los ‘correbous’, otro ejercicio de crueldad que, curiosamente, han olvidado prohibir. Decepcionante. Me bloqueo como un PC y me niego a resucitar la teoría de las dos Españas. Me aburre el simple impulso de escribirlo. Pero asisto a las reacciones de mis contemporáneos con escalofriante incredulidad. Me cuentan una anécdota relacionada con Valery Lagutik, un acordeonista ruso que, junto a su hermano gemelo Vitaly, forma parte del paisaje urbano de Zamora como músico ambulante. Lo mismo interpreta un ‘Asturias’ de Albéniz que un ‘Campanera’. En plenas fiestas de San Fermín, Valery probó suerte en Pamplona. En la vorágine mundialista, el hombre se plantó la camiseta de la selección ganadora, lo que para él sería un detalle de hermandad, y acabó víctima de una agresión por parte de un grupo de energúmenos que vieron en esa camiseta un enemigo. Valery cogió su acordeón y, asustado, regresó a Zamora. Curiosidad: su hermano y él grabaron hace unos años un cedé que incluía su versión del pasodoble/jota ‘No te vayas de Navarra’. Toma regate del destino. Me encuentro como una hormiga desconcertada, observando el mundo humano a través de un caleidoscopio, desde un estremecedor contrapicado que deforma los cuerpos y nubla las mentes, algunas apenas dotadas de ideas dispuestas a construir un mundo más justo. Creo que no me ha sentado bien la vuelta al trabajo. Voy a ver si me potencio las endorfinas y cambio el ánimo. Lo mismo después soy capaz de ver al ser humano con mejores ojos.

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  1. Vamos a ver si nos enteramos de que va el tema de la ILP llevada al parlamento por la plataforma PROUEl 90 % de los antitaurinos(no pongo 100% porque no conzco a todos) , estamos encontra de cualquier maltrato animal.Antes de lanzar cualquier opinion aborregada por los medios de comunicacion y los politicos, respetaria a todos aquellos que se han movilizado de una manera altruita.En muchos pueblos se ha conseguido que no se uticen animales en las fiestas, que no se utilicen animales en los circos .Movilizandose es como se consiguen las cosas, no sentado delante de un ordenador y criticando todo sin mover un dedo nada mas que para teclear .

  2. Lamento decirle, valiente lector ANÓNIMO, que sentado delante de un ordenador (o una máquina de escribir) también se cambian cosas. Y le guste o no, atacar los toros y olvidarse de los correbous es un error. Error que precisamente están aprovechando esos medios de comunicación y esos políticos de los que habla para asegurar que esa ley tiene un incentivo político, dejando el trabajo y el esfuerzo de colectivos como PROU en entredicho. Creo que si tu mente no está talibanizada es fácil de entender. Un saludo

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