Yo tengo una teoría


Sólo hace falta permanecer durante treinta minutos en el epicentro de una reunión para darte cuenta que las teorías son como los culos: todos tenemos una. No importa si está basada en datos científicos o en la experiencia; da lo mismo si alude a un tema de vital importancia para la sociedad o unicamente tiene que ver con tu vida doméstica; no importa que sea una absoluta gilipollez; lo importante es que la sepas vender. “He pasado un fin de semana muy tranquilo”, le explicaba a una compañera. “Prácticamente durmiendo todo el rato y, la verdad, no entiendo bien porqué…tampoco es que hubiera hecho nada agotador”. Vamos, uno de esos típicos comentarios de ascensor. Entonces va ella y dice: “Yo tengo una teoría”. ¡Ay! “Cuando el cuerpo te pide dormir, hay que dormir”. Y se quedó tan ancha. Sonreí y me disculpé, con la excusa del baño, para salir de la habitación. Todos tenemos teorías: sobre el calentamiento global, sobre el monolito de 2001, sobre la antiguedad del euskera, sobre el final de Perdidos, sobre la desaparición de Madeleine,…y algunas pueden ser hasta conspirativas. La clave está en su divulgación. Hay que promocionarlas, difundirlas; de lo contrario, se te quedan dentro y se enquistan y, ¿quién quiere una teoría enquistada? Pero cuando nuestras habilidades sociales llegan a extremos casi delictivos es en el momento en el que el “yo tengo la teoría de que…” se transforma en un sospechoso “yo soy de la opinión de que…” El proceso que genera la opinión es muy parecido al de la teoría pero aquí se añade el agravante de que ya no basta con tener; ¡es que hay que ser! En esos casos, las teorías se llenan de opiniones y el resultado siempre suele acabar en un pobre receptor cagándose en la libertad de expresión e imaginándose un estado de excepción que, por lo menos, calle la boca a su interlocutor. ¡Qué curioso es el resorte que nos lleva a asociar las ideas! Acabo de acordarme de Francisco José Alcaraz. ¡Qué curioso! Incluso creo que este blog no es otra cosa que un montón de “yo soy de la opinión de que”…y me acaban de entrar unas ganas locas de callarme la boca, para cumplir con el ejemplo.

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  1. Pues yo soy de la opinión de que no deberías callarte la boca porque también soy de la opinión de que tu blog es muy entretenido y está muy bien. Boing, boing.

  2. Estoy de acuerdo muchos nos creemos grandes teoricos pero en realidad repetimos teorias, ya repetidas mil veces, que ni siquiera son nuestras. Que vamos que ni siquiera es nuestro culo!

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