La realidad

Marta dice que ya no va al cine. Y asegura que no tiene nada que ver el hecho de que la sesión de las 16.30 sea la única apta para misántropos como ella. Su nuevo razonamiento tiene más puntos en común con el hecho de que la cartelera sea muy aburrida y que los argumentos más fascinante estén en los periódicos. “Ver el Telediario se ha convertido en algo más apasionante que aguantar hasta la hora en la que emiten Días de cine”, me dijo la otra tarde, sentada delante de la tele con un bol de palomitas. “El caso Garzón, la trama Gurtel, un endurecedor de uñas que puede causar impotencia, una madre asesina a sus dos hijos en un hotel de Girona, un cura se despelota durante la misa,…”, enumeraba Marta. “Solo el final de la Liga ya fue mucho mejor que un plano secuencia de Brian de Palma”. Me dispuse a rebatir su postura con trece argumentos relacionados con la capacidad que tiene la realidad de bloquear el goce, ya que la posibilidad de disfrute solo estaría socialmente consentida en el supuesto de que la desgracia que tuviésemos enfrente fuese resultado de una ficción; de lo contrario, estaríamos ante una depravación. Y en ese instante, Marta me puso delante la noticia de un hombre que se despertó cuando le estaban haciendo la autopsia. “Ni la cheerleader de Héroes”, gritaba Marta, como poseída por el espectáculo. Nos hemos vuelto insensibles a la realidad. Ahora solo puede conmovernos la proximidad de esa realidad. De lo contrario, todo es ficción. Ya vemos el telediario como quien ve cine, sin pararnos a pensar que eso es la realidad, el sufrimiento sin Actor’s Studio, las lágrimas sin colirios, la sangre sin FX, el horror sin mentiras, la emoción sin artificios. Sólo de pensar en ello me he agotado. La realidad me somete y me agota. No me permito el distanciamiento necesario para creer que estoy viendo una trama de serie de televisión. Necesito saber que eso es real para no volverme loco. “Esa es la clave”, añadió Marta. “La única manera de no volverse loco es creyendo que todo eso es ficción. De lo contrario, ¿crees que alguien tendría interés en vivir en un mundo así?”, dijo Marta.

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