El complejo zurdo

“Increíble”, expresó Marta con toda la solemnidad que era capaz de manifestar en ese momento. Y colgó el móvil. “¿Te acuerdas de mi primo Fernando, el hijo de mi tía Carmen?”, preguntó. “¿El que tiene el record de carreras universitarias comenzadas y no acabadas?”, añadí. “El mismo. Pues ahora ha decidido empezar Filología Portuguesa, unos cursos más que añadir a los que ya inició de Investigación y Técnicas de Mercado, Turismo, Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, Psicología, Humanidades, Filología Eslava y Documentación”, dijo Marta. “Para mí que tu primo está algo perdido”, apunté. “Pues va a cumplir 37 años, que digo yo que ya ha tenido tiempo de encontrarse. La culpa de todo la tienen mis tíos y su política de la subvención”, sentenció ella. Marta cree que uno de los principales problemas de este país se llama subvención. “Mi primo ya ha adoptado el rol de artista subvencionado y como sabe que el dinero no sale de su bolsillo, que va a fondo perdido, se ha establecido en la comodidad. Mis tíos están actuando como un Estado que se cree mecenas. Y no estoy en contra de eso. Estoy en contra del procedimiento”, dijo. “Cariño, pareces Boadella”, comenté. Y, tras ignorarme, aseguró que hay algo peor que el vasallaje que podría generar una política de subvenciones. “Alimenta una red de especuladores que levantan su chiringuito a base de dinero público y cuando, por suerte, se les corta el grifo, alzan la voz contra un Estado que no apoya a sus creadores. ¡Estoy harta de que con mis impuestos se paguen desfiles de moda a diseñadores millonarios!”, soltó. “¿Y eso que tiene que ver con tu primo Fernando?”, pregunté. Pero Marta ya estaba ‘cegá’. “Subvencionar al que empieza es importante. Subvencionar el que lleva toda la vida fingiendo que empieza, no”, dijo. “Por ejemplo, ¿tú crees que Almodóvar necesita subvención? Ya te contesto yo: no. Hay que cambiar el procedimiento o esto acabará siendo el desmadre que ya es”. Y cuando se detuvo para tomar aire, aproveché para insinuarle que su razonamiento tenía una gran parte de verdad y un contradictorio tufillo facha. “Esa es la cuestión: nuestro complejo zurdo, que a veces, para que no nos confundan con la derecha, nos hace comulgar con unas ruedas de molino…”

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