El adversario

Parecen sacados de una novela de Georges Simenon, de un relato en el que no hay héroe, de un catálogo de seres humanos obligados a viajar al filo de sí mismos. La historia del ex gerente de Bitel tiene un ingrediente que podría seducir a Patrice Leconte, o a Michael Haneke, trasladando a la gran pantalla el episodio que desnuda al triunfador del barrio para dejar en pelotas al hombrecillo débil, al individuo casi anodino que acaba convirtiéndose en una víctima del sistema. Como en una versión menos sangrienta de El adversario, aquel suceso real que nos presentó a Jean Claude Romand, el francés que asesinó a su familia, a la que mantuvo engañada durante 18 años haciéndoles creer que trabajaba como médico, Damià Vidal ha adoptado el rol del personaje perdedor, del ‘pobre hombre’ que no sabía decir que no, del individuo gris que intenta brillar ante los ojos de su familia, concediendo todos los caprichos que la engrasada voracidad del sistema reclama. Aunque para ello tenga que negociar préstamos personales con fondos públicos. Uno tiene la impresión que el anterior gobierno de Balears, incluso el de Palma, estaba compuesto por el reparto de una obra de Tennessee Williams; el perfil psicológico de los personajes no tiene desperdicio. Aquellas razones que en los libros de caballería se sustentaban en el honor, hoy sobreviven gracias a la deshonra. El guión distrae la atención del espectador sobre el delito para enfocar la supuesta motivación, algo infinitamente más atractivo, desde el punto de vista dramático, que la propia falta. La cocaína tuvo la culpa, la familia y sus caprichos tuvieron la culpa, el sistema tuvo la culpa. El mismo sistema que contempla la libertad provisional pasando por caja. Pero una cosa te voy a decir: una mente acostumbrada a escribir guiones es una mente desconfiada; nunca se fía de los personajes. Por eso llevo días imaginando a los protagonistas de estas historias sonriendo, sabiendo que quizá esa deshonra es el atenuante que más le conviene para poder escapar del callejón sin salida con el menor número de brechas posible. En cualquier caso, los que deben estar frotándose las manos son los psicólogos. Con políticos como estos, tendrán trabajo hasta los Juegos Olímpicos de Londres 2012.

Artículo publicado el 26 DE ABRIL DE 2008.

Baleares sigue empapelando políticos corruptos desde entonces…

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