La trampa antiedad

“Los productos antiedad son como los pacientes de House: todos mienten”. Así de claro lo dejó doña Guillermina, una mujer de familia bien que invirtió gran parte de la fortuna de su marido en una interminable carrera contra el envejecimiento. “Yo, por herencia familiar, siempre he sido anti-radicales libres”, bromeaba, en sus buenos tiempos, mientras hojeaba la información nacional de un periódico de derechas. “Antioxidantes, melatonina, ampollas de Gerovital, toda la gama de cosmética de La Mer,… Lo he probado todo y mírame. Sigo teniendo 78 años”, se quejaba. Doña Guillermina no quería atajar el paso del tiempo; quería invertirlo, como Fedora. “Ya te darás cuenta de lo terrible que es el primer día que te sitúes frente a una jovencísima dependienta para comprar tu primera crema antiarrugas. Te aseguro que no lo olvidarás nunca”. Y lo contaba como si hablase de un fusilamiento durante la Guerra Civil. “La dependienta te observará con la mirada luminosa, la sonrisa perfecta y el rostro hidratado. Hablará maravillas del producto que está a punto de venderte y tú, ciega de fe, creerás todas y cada una de sus palabras pensando que esa crema te convertirá en el reflejo de esa dependienta, sin darte cuenta que ella deslumbra no porque use cremas antiedad sino porque tiene treinta años menos que tú.” Y uno la escuchaba y creía estar viendo a Nuria Espert en una versión teatral de Mr. Skeffington. “Ese tipo de productos deberían estar prohibidos. No se puede jugar con nuestras emociones como lo hacen las empresas cosméticas”, reclamaba, mientras la televisión informaba sobre el abuso de la industria farmacéutica en el Tercer Mundo. Entonces, me atreví a decir: “Las arrugas son vida, experiencias. No debería eliminarlas de su rostro. Son un orgullo”. Me miró como si hubiese blasfemado y añadió: “Mis experiencias están en mi memoria, en mis álbumes de fotos y hasta en los 50 años que Televisión Española no deja de cumplir. Por mí, como si todas esas experiencias quieren estar dando vueltas por el salón de casa. Que estén donde quieran menos en mi cara.” Ayer me he comprado el Anti-Rides de Biotherm. Creo que tengo que hacer algo con mis arrugas de expresión.

(Artículo publicado el 10 de diciembre de 2006)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: