La felicidad

Miquel, nuestra amiga Julia se separa. Imagino la cara que se te ha quedado. Yo no ponía esa expresión desde el 81, cuando Julie Andrews enseñó los pechos en “Somos honrados ladrones”. Y sé lo que estás pensando: Nos hemos quedado sin referentes. Han sido tantos años soñando que nuestra felicidad tenía que parecerse a la que vivían Julia y Marcelo que ahora nos vemos como vaca sin cencerro. Quedé con ella para tomar un café y le formulé la pregunta más compleja de todas las que hayan existido jamás. “¿Qué si soy feliz? Pero…¿tú me has visto cara de ensayista?”, contestó medio indignada, como si yo fuera Jodorowsky y acabase de proponerle un acto de psicomagia en el que tuviera que introducirse algo en la vagina. “Aquí todo el mundo vende y compra felicidad sin tener ni puñetera idea de lo que significa. La felicidad, así a lo grande, con bombillas de colores como en las marquesinas de Broadway, es cosa de la literatura barata, de los poetas de picha pequeña y de las inmobiliarias que pretenden vendernos chalets adosados en Wisteria Lane financiados por la felicidad y la estabilidad que proporciona el amor. ¿Sabes qué te digo? ¡Que me cago en el amor!” Eso, viniendo de una chica pálida, rubia y de ojos azules suena como una consigna sindical en boca de Carla Royo-Villanova. “La felicidad es como un vestido que te encanta, que lo ves en el escaparate y que desearías llevarlo puesto toda la vida. Pero nunca les queda tu talla. Por eso el mundo se divide en los que harán lo posible por meterse en ese vestido, aunque les salten las costuras, y los que buscan otro modelo que, aunque no sea exactamente como el del escaparate, al menos no nos haga tripa”, añadió. Tres cafés después, descubrí que lo que Julia quería era ser la protagonista de una película de Wong Kar-Wai; que en el fondo a ella, como a todos, nos encantaba avanzar a cámara lenta por un pasillo, envueltos por la música de Michael Galasso, y cruzarnos con la persona que encienda nuestra pasión sin tan siquiera rozarnos. Vivir unos días en una T.S.R. (Tensión Sexual no Resuelta). “Casi prefiero la pasión al amor, aunque dure menos”, dijo Julia. “Mira que el pasillo de casa era largo, pues no se obraba el milagro. El día que dejó de sonar en mi mente la música de Galasso, decidí dejar a Marcelo. Soy así. Imprevisible. Como el amor. Como la felicidad”, añadió y pidió un gin tonic.

(ARTÍCULO PUBLICADO EN “DIARIO DE MALLORCA”)

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Un Comentario

  1. por fin puedo leer sus opiniones en un blog personal… su fan nº1

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